Juniorísimas

Crónica de una muerte anunciada

Como se titula el libro que nuestro Nobel de literatura y que en paz descanse, Gabriel García Márquez escribió en 1981, se adapta perfectamente a la realidad de nuestro equipo, […]

Otra noche para lamentar

Como se titula el libro que nuestro Nobel de literatura y que en paz descanse, Gabriel García Márquez escribió en 1981, se adapta perfectamente a la realidad de nuestro equipo, un equipo sin mando, sin brújula, sin cabeza y con pies de barro.

Haciendo un recuento, claramente se puede evidenciar la falta de sintonía entre el hincha y el equipo, entre la directiva, el cuerpo técnico y los jugadores, una sopa que con el paso de los días ha reflejado sus frutos en la cancha cuando antes solo se veía en las oficinas y es lo que hoy en día padecemos, un cáncer cuya solución está lejos de ser curada.

Después de la salida de Comesaña llegó Alexis Mendoza, alguien esperado por la afición por el hecho de ser de la casa. Los resultados en la cancha fueron buenos y el equipo, a pesar de no jugar un fútbol vistoso y del agrado del hincha empezó a coleccionar finales. Se ganó una y se perdieron dos. A pesar de la conformidad de los resultados, el fútbol que exponía Júnior nunca fue de agrado del ojo crítico de muchos y las asistencias al estadio fueron pobres, hasta el punto que los jugadores pedían por redes sociales apoyo casi a modo de súplica. La gente exigía refuerzos, pero a su vez no recompensaba con asistencia, los refuerzos no llegaban y las asistencias tampoco, un efecto de bola de nieve que se agrandaba gracias a la pobre administración del equipo.

Júnior ganaba partidos pero las finales no las ganaba, competía tres torneos y tenía nómina para uno o máximo dos. Los números de Alexis para tan limitada nómica eran excelentes aunque no se capitalizaban con títulos.  Fuad Char, dueño del equipo, a mitad de año (2016) salió con unas declaraciones lamentables que terminaron de desestabilizar un ambiente que ya se percibía frágil. Primero atacando y burlándose de los hinchas, demostrando que no necesita de ellos, que el equipo es de él y no le importa nada, que se queden viendo los juegos por televisión, generando inconformismo entre los fanáticos. Luego la emprendió con Alexis, excusando su falta de gestión y la pésima gestión de la Junta Directiva a la hora de contratar refuerzos, criticando a quien antes apoyaba de manera abierta en un artículo de El Heraldo que parecía más bien una mofa.

A Char se le llegó a tildar de padecer de demencia senil, alguien que apoyó y rescató a Júnior de su desaparición se convirtió en el peor enemigo de la institución. Alexis Mendoza decidió irse con su cabeza en alto y Júnior en una movida bastante inexplicable contrató a Giovanni Hernández, tal vez como golpe de opinión ya que G10 es recordado y querido por la afición o tal vez porque es un técnico sin experiencia y seguramente muy económico, como le gusta a Fuad, o tal vez las dos. La cuestión es que su llegada fue una decisión poco pensada y bien apresurada.

Giovanni debutó y arrancó bien, el equipo se veía trabajado y efectivo, pero esta burbuja no duró mucho y reventó. Júnior terminó cediendo puntos en casa, jugando mal, mostrando poco orden táctico, sacando partidos en Copa con grandes actuaciones de Viera, salvándonos en los penales, anotando desde los tiros libres y a punta de empates. Obviamente esto no fue suficiente para clasificar a los cuadrangulares en la Liga pero si ayudó al equipo a llegar a la final de la Copa Águila. En la Suramericana el panorama no cambió, tanto así que el equipo salió humillado de Brasil contra el Chapecoense y sufrió en exceso en sus anteriores partidos.

En el último espasmo, como tratando de prolongar la hora su muerte, Junior tuvo una seguidilla de resultados pero no le fue suficiente para meterse en cuadrangulares y Nacional le dio el finiquito, semanas después Nacional nuevamente volvió a liquidar un equipo que no tuvo con qué en la final de Copa.

Ahora, sin Liga y sin Copas, sin cuerpo técnico competente, sin dirigentes competentes, sin dueño competente, sin una estructura organizacional de club profesional y sin una cabeza visible, nos adentramos en un 2017 lleno de incertitudes esperando que algún milagroso nuevo dueño asuma el equipo, algún milagroso entrenador lo dirija y algunos milagrosos jugadores lleguen al equipo y salven la patria llamada Júnior, mientras tanto toca vivir con lo que se tiene, hacer lo que se pueda con lo que se tiene y la verdad con lo que se tiene no creo que se pueda hacer mucho, porque como mencioné anteriormente, desde los hinchas con su escaso apoyo económico, hasta la mezquindad de sus dirigentes en dirigir y contratar barato, esto es una bola de nieve que cada vez que rueda se hace más grande, un cuento de nunca acabar.

 

¡Esto es Júnior!

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